UBUD

La luz de los rayos del sol inunda nuestra ventana iluminando toda la hitación. Mirar por la ventana y encontrar un mar de color verde es toda una bienvenida. En nuestra entrada encontramos una pequeña ofrenda de arroz que luego veríamos por todas partes fue un detalle bonito.

El hotelito constaba de pocas habitaciones, todas ellas dentro de un templo todo lleno de vegetación, por unas escaleras de piedra se llega a la terraza y a la piscina, todo está inmerso y cargado de un misticismo y una fragancia única.

El día comenzó con un desayuno que consistía en fruta y una especia de crep elaborando con huevos y plátanos, que nos dieron fuerza para empezar nuestra ruta.

Ubud es una preciosa cuidad llena de ofrendas a los dioses y de personas sonriendo a todas horas. A medida que vas sumergiéndote entre sus calles encuentras multitud de construcciones dedicada a los dioses, parece como si las propias casas fueran pequeños templos o como si hubieran hecho de los templos sus hogares.
Hicimos cambio de divisas en el momento nos resulto 1€ = 13.000 rp, parece que nos íbamos a mover con cantidades enormes…ahora ya podíamos movernos con libertad.

Los habitantes de Ubud te reconocen enseguida como extranjero, debido a las grandes diferencias física y se acercan a ofrecerte servicios como taxi, aquí es donde comienza el juego del regateo. Los taxis no poseen una tarifa fija, así que antes de subir a uno ya has de haber negociado el precio, variando de una persona a otra, así que hay que intentar encontrar un buen precio, aquí es donde entra en juego Vicen, que rápidamente asume la cultura indonesia.
Rápidamente ya teníamos un taxi y un conductor que nos guiaría por los distintos templos que deseábamos ver en los alrededores de Ubud.


Nos mostro el primer templo llamado “GOA GAJAH”, en un principio no es lo que esperas encontrar como templo, pero se puede ver la silueta de algunas figuras ya en ruinas, en el interior de la construcción hay una cueva dedicada al dios elefante Goa Gajah, dentro hay tres figuras que representa tres falos como símbolo de fertilidad.








Continuamos ruta hacia el templo del Rey TAMAN AYUN, pasando por los balcones de arrozales. Para entrar en el templo es obligado usar una prenda sagrada llamada “Sarum” que encuentras en las personas de la entrada que se ofrecen a prestártelo por unas pocas rupias. El templo solo se puede ver rodeándolo pues su acceso al interior del templo no está permitido, por primera vez vimos la estructura de los tejados cuadrados en cascada. Rodeando el templo hay un embalse de agua donde crecen flores de loto, protegido por un muro de piedra antigua. A la salida les devolvimos el sarum a quienes nos lo prestaron amablemente.


 
Continuamos nuestra ruta, íbamos a contrarreloj pues queríamos llegar a tiempo para ver la puesta de sol en TANALOH. Antes de llegar al destino pasamos por el “BOSQUE DE LOS MONOS”, es una gran zona dedicada al dios mono, donde paseas junto a centenares de monos que andan libre a sus anchas por el parque. Juanma nos dio un susto cuando quiso acariciar la cola de uno de ellos, porque parecen simpáticos pero no hay que olvidar que son salvajes por lo que se encaro con él mostrando unos dientes bastante importantes, pero la cosa quedó en una anécdota.



 
Llegamos a la hora prevista a TANALOH, es un templo que cada día el mar acaricia, se encuentra en la misma orilla, cuando sube la marea su escalera lateral queda sumergida y el mismo nivel del agua llega a los pies del templo, pero cuando la marea baja deja al descubierto una estructura de roca natural, de un intenso color negro, en ella ahora se muestra una imagen de Tanaloh distinta, imperativa.
El templo queda en lo alto, suspendido en sus negras columnas sobre el mar, esto sucede al atardecer, lo que crea una imagen asombrosa, pues tras la figura de Tanaloh se divisa los suaves colores de los rayos de sol que poco a poco se ahogan en las aguas del litoral de la isla de Bali. Cuando gozas de la suerte de estar allí, no puedes dejar e contemplar esa imagen que embelesa por su poder y nos hace sentirnos inmensamente pequeños ante tan grande belleza.

 
De regreso al taxi, pasas por una calle estrecha llena de puestecitos singulares, se nota que es un destino turístico, en uno de esos tenderetes encontramos un murciélago gigante colgado de un soporte que nos llamo la atención, desprendía respeto por su tamaño y sus dientes.


Llegamos a Ubud, camino al hotelito oímos música y pudimos entrar en el recinto donde estaban finalizando unas danzas balinesas, los ropajes son extremadamente llamativos, llenos de brillo y color. 

La música está compuesta de delicadas notas que al principio son agradables, pero al cabo de un rato son un poco pesadas pues no cambian casi nada el ritmo. Los bailes son lentos, suaves y gráciles transmitiendo la tranquilidad típica de la isla.

El hambre ya nos apretaba y decidimos ir a cenar, probamos con un restaurante pequeño y familiar donde nos ofrecieron nuevamente arroz, fideos un pequeño trozo de pollo, son comidas escuetas ricas en sabor, no son grandes platos pero suficientes para saciar el apetito. 








Las sillas eran altas o nosotras bajitas, pero acabamos la cena con unas risas por culpa de esta imagen…

Acabamos el día en la pequeña piscinita del hotel en medio de ese vergel exuberante.

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